sábado, 26 de marzo de 2022

REMEMBRANZA DE UN ADN QUEBRADILLANO GLORIBEL ROURA HERNÁNDEZ

 

Remembranza de un ADN Quebradillano

En una tarde lluviosa balanceándose en la hamaca mi bisabuelo le contaba a quien es hoy mi madre  sobre los 12 Pares de Francia y otros temas del baúl de memorias provenientes del Archipiélago Canario. Que la Herencia Taína y la Herencia Africana eran importantes y que de igual manera la Herencia Española de dicho archipiélago  (La Palma, El hierro, La Gomera, Tenerife, Gran Canaria, Fuerteventura, Lanzarote) y en adición de Asturianos, Catalanes, Mallorquines, Gallegos, Castellanos, Andaluces y Vascos lo era también. Imaginen dicha oleada migratoria cruzando los mares mirando la línea del horizonte con la incertidumbre de no saber que les deparaba, con sueños y esperanza y en especial con grandes deseos de vivir. Nos trajeron el recomenzar, aportaron el idioma que utilizamos, la  arquitectura isleña de las primeras viviendas, un legado de refranes, cuentos, parábolas, serenatas, aguinaldos, las trovas, el cuatro entre otros instrumentos, los valores y el respeto. Un dato importante de mucho antes de este oleaje lo fue que si no hubiese sido por los Reyes de España del siglo XV que decidieron expulsar a los Moros ahora mismo seriamos musulmanes. Debido a lo que llamaron la “Reconquista” cuando los ejércitos de Fernando de Aragón e Isabel de Castilla fueron desde el Norte de España hasta Granada del Sur para que dejara de ser tierra de Moros para que dominara el Cristianismo en España.

Tomando juntos el café de la tarde y  galletas con queso le contaba que antes los apellidos se ponían de acuerdo a los lugares de vivienda; si Juan vivía cercano al valle le ponían Juan del valle, cercano al río Juan Ríos, si había una torre en su localidad era Juan de la Torre, si vivían en el Monte eran La familia del Monte y así por el estilo.  Esbozaba una sonrisa mientras recordaba y contaba como las mujeres de Tenerife amaban las flores, enseñaban la alta costura el bordado y  el calado en los pañuelos de los hombres, trajes, mantillas, manteles, ropa de cama y el cántico de las nanas que mágicamente hacía conciliar el sueño hasta a el niño más inquieto con su voz y movimiento de arrullo. Mencionaba traviesamente cómo les quedaba el dedo enrojecido al mojarlo  y tomarle la temperatura a aquellas pesadas planchas para dejar inmaculadas las telas de gabardina. Otro resultado de dicha herencia lo es el arte culinario de gran complejidad de platos, pero se me quedó uno en la mente, la Marota de Maíz. Siendo de generación más joven me di a la tarea de visitar a una doña muy especial que aún sigue haciendo la Marota hoy día, quise saborear cada ingrediente que la constituía y trasladarme a aquellos tiempos, exquisito. En adición tenemos la Mazamorra, la Paella, los Pasteles entre una extensa variedad de  platos. Esto es solo un extracto comprensivo de aquel diálogo de hace muchos años que generó en mi gran curiosidad y alegría. Entonces la Historia Personal de nuestros Ancestros queda grabada como huella dactilar en  cada uno de nosotros, forma a ser parte de nuestra Cultura Social al compartir los recuerdos, proezas y experiencias y sobre todo crecemos al escuchar dichos recuentos y al entender la raíz y la esencia de lo que vemos en nuestra cotidianidad.

Si Cristóbal Colón regresara a Puerto Rico y se adentrara en nuestro pueblo seguramente diría:

__ ¡Santa María pero que Pinta tiene esa Niña! Al ver a la mujer Quebradillana.

¡Que viva el recuento de Vivencias y Valores en nuestras Tradiciones para que se beneficien los futuros bisnietos y los que están por nacer!

Gloribel Roura Hernández (Mediadora de Conflictos)

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